Rutina

Ilustración de Alessandro Gottardo
El despertador marcan las 6 de la mañana, un nuevo día acaba de comenzar.

Christofer no tiene más remedio que despertarse, el trabajo que tiene previsto para hoy no se va a hacer solo.
Desayuna tostadas con mermelada y un café bien cargado para permanecer bien despierto en todo momento, se ducha, se lava los dientes, se peina y se pone el traje.
Se despide de su compañero de piso Drew, un labrador de 3 años.
Mira hacia el cielo al cerrar la puerta con llave, está nublado. Seguro que va a llover. Como todos los días. Su coche le espera al otro lado de la calle, completamente frío por haber pasado la noche en las frías calles invernales.
Una hora más tarde llega a la oficina.

Otro rutinario día ha comenzado.
Documentos, documentos, más documentos... todos acumulados sobre su mesa, listos para ser firmados o listos para hacer el recuento de gastos que en ellos están escritos.

La secretaria del jefe aparece, parece que tiene que hablar seriamente con él.

-¿Quería hablar conmigo señor?- dice tímidamente Christofer asomando su asustada cara por la puerta.
-Siéntate por favor- el jefe señala con decisión la silla frente al escritorio. Christofer se sienta con inseguridad- Quería darte la enhorabuena, tu trabajo ha sido maravilloso, la empresa ha prosperado muchísimo desde que trabajas con nosotros y los superiores lo tienen en cuenta- Christofer le mira sin comprender del todo pero intuyendo de un modo u otro lo que le iba a decir- Quieren darte un ascenso- Christofer sonríe incrédulo- ¿Recuerdas cuando te hablé del nuevo programa? ¿El de finanzas?
-Sí, lo recuerdo
-Quieren que te encargues de llevar el proyecto adelante. Tienen una corazonada contigo. Parece que les impresionaste desde el primer momento chico- el jefe pega una palmada a Christofer en el hombro mientras sonríe orgulloso- esto puede cambiar tu vida, te convertirías en un gran empresario. Puedes llegar a ser grande, ganar millones si te administras bien, nuestra PIME podría llegar a...- el jefe seguía hablando pero Christofer ya no escuchaba, aunque estaba fascinado algo le incomodaba. Una pequeña presión comenzó a formarse en su estómago ¿era esa la vida que quería?,¡los negocios son como la guerra!. Las paredes grises de su jefe parecían a cada instante acercarse más a él, todos los pensamientos de su mente le aplastaban. Sus sueños, sus ilusiones, sus miedos... no había estudiado 6 años en la Universidad de diseño para que todo se quedé allí, bajo su mesa de despacho estratégicamente colocada por su padre, su jefe. Él quería viajar, soñar despierto; la rutina no tenía derecho a convertirse en su estilo de vida.
-Lo siento papá pero no acepto- Christofer deja de mirar a sus pulgares, que juegan nerviosamente y sube la mirada a los ojos del jefe- Deja de controlar mi vida, esto es tu sueño- dice pasando la mirada por el despacho- no el mio. Me voy, lo siento.
Se levanta, atraviesa el pasillo hasta llegar a la puerta. Su corazón retumba a toda velocidad sin embargo se siente tranquilo.
Sale de la oficina, el cielo sigue gris y la lluvia cae, el mundo sigue siendo el mismo pero Christofer no. Ha logrado sentir como su alma funciona por fin al compás de su vida. 
Mientras conduce saca una mano por la ventanilla, se siente ligero, parte del viento.
Es libre
-Bergsma


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