El olvido
Empezó despacio, puede que la primera vez que se miraron; la primera vez que sus miradas se cruzaron. Ese momento en el que lo ajeno se convirtió en mero ruido. Ese momento que inició la eternidad que vivían cada vez que se quedaban quietos, sin necesidad de hacer nada más que mirarse en silencio y adivinarse mutuamente los pensamientos. Ellos, que durante tanto tiempo pudieron reír, llorar, enfadarse, amar-juntos- ahora miles de kilómetros les separan. Vulnerables ante el riesgo de olvidar las historias que vivieron. Pero, solo pensar en la posibilidad de rozarse la piel de nuevo, de enredar las manos en el pelo del otro, de sentir como la piel se eriza, como la respiración se entrecorta, como las horas se vuelven minutos, los minutos segundos...segundos, un solo segundo más lo cambiaría todo, un solo instante más, un abrazo más, un beso más... y así saber que ninguno de los dos ha sentido la necesidad de olvidar.